En el lapso transcurrido entre que se grabó este episodio y se publicó, el Deportivo da Coruña y/o de A Coruña (hay que ver lo que se mueven las cosas en unas semanas sin grabar) no dependía de sí mismo y volvió a ser dueño de su destino, porque así suceden las cosas en el más chalado campeonato de fútbol que en el mundo existe desde que a Celta y Sevilla hubo que sacarles las castañas del fuego y a un grupo de monos con silbato se les encomendó transformar el juego en una película stop-motion dirigida no a la competición deportiva y el entretenimiento de sus aficionados, sino a los sueños legisladores de un colectivo de señores que se excitan más por la perpendicularidad de un hombro que por un gol y que cuentan con la facultad de decirte que aquello que ven tus ojos no es real y que si un delantero remata con su cabeza el brazo inofensivo de un lateral, y si ese lateral, que ya es fatalidad, resulta ser futbolista del Dépor, pues en ese preciso momento se sienta jurisprudencia para explicar que son dos puntos menos para los coruñeses porque sí, y que si a la semana siguiente aquello se interpreta de forma diferente, pues no haber nacido deportivista y a otro con ese cuento. Uf. Lo que nos queda por vivir, Arsenio que estás en los cielos. Otro año más rozando la cardiopatía porque esa es la condena para los afortunados que elegimos torcer por El Mejor Club del Mundo©. Tres partidos restan (el de Cádiz nos lo tuvimos que imaginar erróneamente) en una competición que a estas alturas parece que gobiernan las Loterías del Estado. Al ritmo que Benjamín y Manuel gestionan sus agendas, quién sabe si el próximo ¡Cuánto sufrimos, Martín! Podcast que se publique lo grabaremos a) beodos; b) llorando; c) a y b son correctas. Pero mientras tanto, aquí dejamos este analgésico mientras preparamos el pecho para lo que venga, y hacemos retumbar los tambores de guerra al ritmo que marca la mosca de Granollers: “Bum, bum”.